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sábado, 6 de febrero de 2016

LA EUFORIA ECONOMICA 3


GRAN DEPRESIÓN







Según  Fernand Braudel, historiador francés, desde el siglo XIV existían en Génova, Florencia y Venecia mercados mobiliarios. Y todavía mucho antes, en la Edad Media, se desarrollaron grandes intercambios internacionales de dinero y mercaderías.

El primer mercado accionario moderno en cuanto al volumen de sus transacciones, se desarrolló en Holanda, en el siglo XVII. Allí se verificó la primera especulación notable,  que tuvo como objetivo bulbos de tulipanes y se popularizó posteriormente como “tulipanomanía”.

La especulación, “…se desarrolla cuando la imaginación popular se fija sobre algo aparentemente nuevo en el campo del comercio y de la finanza.”[1].

La crisis se presentó puntualmente porque las leyes generales del equilibrio económico repiten los viejos esquemas. Los más astutos o quizás los intranquilos por su dinero, comenzaron a liberarse de los bulbos, otros se sumaron y la situación se transformó en pánico. 


Quienes habían empeñado su patrimonio y propiedades para obtener créditos, fueron improvisamente privados de sus haberes y reducidos a la indigencia. 


Los precios, inflados por la especulación, cayeron bruscamente


La caída del precio de los tulipanes y el empobrecimiento general que de ello resultó, pesaron en la vida económica holandesa por varios años. 



Una depresión, que no sería la última en el mundo financiero, que ha renovado los mismos esquemas a intervalos regulares, repitiendo los mismos errores.




 


En el siglo XX, la Gran depresión de 1929, se produce a 87 años del comienzo del Ciclo de Tierra de 1842, es decir que se sitúa en la mitad del período total de 178 años. 



- Ver "La euforia económica - Ciclos de Júpiter y Saturno" -.


La crisis especulativa de la Gran depresión, fue de dimensiones extraordinarias, sobre todo porque anunció un desequilibrio para todo el mundo industrializado. 


El peligro más intenso que el capitalismo hubiera experimentado hasta entonces.


En la segunda década del siglo XX la economía estadounidense vivía en prosperidad. La capacidad industrial y la agricultura progresaban a ritmo elevado.
La actividad de la Bolsa de Nueva York había aumentado considerablemente. El precio de las acciones subía regularmente cada año y fueron muchos los que comenzaron a especular en la Bolsa y sin mayores dificultades se hicieron ricos. 








Como dice el refrán “todo se transmite, menos la hermosura”. 

El ejemplo se popularizó, imitadores e incautos o superficiales, quisieron también participar en la búsqueda de la fortuna sin esfuerzo. 


La fiebre del juego en la Bolsa tentaba a gran parte de la población. 


La sociedad en su generalidad vivía por encima de las posibilidades de la economía efectiva.

La excesiva demanda hizo subir las acciones a precios exorbitantes y las cotizaciones se transformaron en pura especulación, sin relación con la verdadera riqueza de la colectividad.






Una particularidad de la Depresión de 1929 es que tomó a todo el mundo de sorpresa. El sistema económico clásico no poseía teorías al respecto puesto que excluía absolutamente la posibilidad de que ocurriera. 

 “Los médicos, aún los que poseen mayor reputación, no tienen una cura para una enfermedad que no puede existir”-.[2]


La depresión se describió como 

“un período en que las mercaderías se acumulan por falta de compradores; los trabajadores por lo tanto quedan desocupados porque dada la cantidad de productos sin vender que llenan los almacenes, es inútil producir otros”.


Las causas que produjeron la depresión no fueron identificables, por lo que los economistas del tiempo aconsejaron de no hacer nada. 


Se debía dejar a la depresión seguir su curso porque sólo este modo de actuar habría asegurado la cura. 
Las causas en general eran atribuidas a una acumulación de venenos en el sistema y el período de crisis que seguía habría tenido la función de eliminarlos  y de componer la economía. 


La Reserva Federal era la única que podía haber evitado una caída en cadena de los bancos. El remedio hubiera sido otorgar liquidez en forma masiva a las entidades bancarias. 


Sin embargo, los gestores de la Reserva Federal, redujeron la oferta monetaria y subieron los tipos de interés, provocando una oleada masiva de quiebras bancarias.


Esta reducción de la oferta monetaria también provocó el inicio de un proceso deflacionista, la disminución drástica del consumo y el comienzo de una intensa depresión, que se conoció como "La Gran Depresión".













[1] John K Galbraith.

[2] Galbraith, “Historia de la economía”